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Historia de una Villa.. Madrid

06/10/2017

Este primer artículo quiero dedicárselo entero a la ciudad que me vió nacer y al menos dos de las generaciones que inmediatamente me preceden: La ciudad de Madrid. Una ciudad que ha conseguido enamorarme con los años, a medida que he ido conociendo e interesándome por su historia y sus orígenes. Una villa que es increible imaginar que apenas tenía 20.000 habitantes cuando se instaló la Corte de Felipe II allá por el año 1561 (ver la imagen de Madrid en 1561 abajo a la derecha) y que apenas sumaba los 475.000 habitantes 300 años después hacia 1867 cuando se hizo el primer censo oficial en época de Isabel II (cabe mencionar que Oviedo, Valencia, Coruña superaban en población a Madrid además de Barcelona).

 

Madrid Capital en 1561La ciudad de Madrid hasta bien avanzado el siglo XIX tenía apenas una extensión que ocupaba lo que hoy se llama el Distrito Centro más el Barrio de Jerónimos incluido el Parque del Buen Retiro, lugar donde se encontraba el ahora casi inexistente Palacio del Buen Retiro y sus jardines, residencia de recreo de la Corte desde Felipe IV, que lo mandó construir, y su hijo Carlos II, y residencia oficial de los Borbones Felipe V y Fernando VI, pasando después a ser a partir de Carlos III la residencia oficial, el Palacio Real de Madrid.

 

Resulta inimaginable pensar que Madrid fue un lugar tan pequeño en su día; pero lo fue. El crecimiento que experimentó especialmente fue a partir del siglo XX. Es por ello que haré un rápido recorrido por su historia y evolución, para que nos ayude a imaginar como era el Madrid de hasta hace apenas poco más de 100 años, que nada tiene que ver con el Madrid actual.

 

Con independencia de la posible existencia de un Madrid romano, las primeras noticias que se tienen de Madrid se remontan a la época musulmana, a los tiempos del emir Muhammad I (852-886), quien mandó construir una fortaleza en la orilla del Manzanares, conocida en los textos árabes por Mayrit, (Magerit en su forma castellanizada).

 

La fortaleza fue construida en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real y la Catedral de la Almudena con el propósito de vigilar los pasos de la sierra de Guadarrama y ser punto de partida de razzias contra los reinos cristianos del norte.

 

El significado de Mayrit no está claro, aunque parece ser el híbrido de dos topónimos: uno mozárabe, matrice, que significa "fuente", y otro árabe, majrà, que significa "cauce" o lecho de un río. Ambos aluden a la abundancia de arroyos y aguas subterráneas del lugar.

 

Esta fortaleza fue ocupada temporalmente en el año 932 por Ramiro II y posteriormente Alfonso VI la incluyó entre los territorios ganados a al-Andalus. En torno al antiguo recinto fortificado creció la villa de Madrid favorecida por las medidas repobladoras de los monarcas entre las que destaca la concesión del fuero en 1202.

 

En 1339 y 1340 Alfonso XI reunió cortes en Madrid al igual que lo hizo Enrique III durante su reinado.

Pisos de Madrid históricos

Sin embargo, Madrid no cobró verdadera importancia hasta que Felipe II trasladó allí la corte en 1561. Curiosamente, Felipe II eligió Madrid por su tranquilidad y su abundancia de caza, agua y naturaleza además de encontrarse en el centro de la península. Al monarca no le gustaba viajar (todo lo contrario que su padre el Emperador Carlos) y era un gran amante de la naturaleza y Madrid era para él, el lugar perfecto. Pero esta tranquilidad duró poco, ya que al establecerse la corte se hizo patente la necesidad de reformas urbanísticas y pronto surgieron arrabales fuera del recinto medieval en dirección Sur y Este. Lo accidentado del terreno solo permitía a la villa crecer en esta dirección.

 

Al tiempo que aumentaba la superficie urbana crecía el número de habitantes, pasando de 4.060 en el año 1530 a 37.500 en el año 1594 y a 140.000 en época de Felipe III.

 

El palacio del Buen Retiro de Madrid fue un conjunto arquitectónico de grandes dimensiones diseñado por el arquitecto Alonso Carbonel y construido por orden de Felipe IV como segunda residencia y lugar de recreo (de ahí su nombre). Se edificó en lo que entonces era el límite oriental de la ciudad de Madrid. Hoy en día se conoce por los escasos vestigios que quedan de él tras la Guerra de la Independencia (el Salón de Baile que hoy se conoce como el Casón del Buen Retiro y el antiguo Salón de Reinos, lo que ha sido hasta 2010 el Museo del Ejército) y por sus jardines, que hoy conforman el Parque del Retiro.

 

El siglo XVIII se abre con la guerra de sucesión a la corona de Carlos II, en la que Madrid se vió involucrado. Desde 1706 Madrid permaneció fiel a los Borbones y en recompensa los monarcas hicieron de ella la capital un estado centralizado, con todas las ventajas que ello suponía. Urbanísticamente, el Madrid de los Borbones experimentó notables mejoras. Durante el reinado de Felipe V se construyó el puente de Toledo y se inició la construcción del Palacio Real (1737) que debía sustituir al alcázar, incendiado en 1734. Fernando VI y en especial Carlos III, pusieron gran empeño en las obras de saneamiento y embellecimiento de la ciudad: empedrado, limpieza de las calles, alumbrado público, vigilancia nocturna, etc. Carlos IV prosiguió con las reformas pero en menor escala.

 

Además de transformar su fisonomía externa la ciudad también varió de contenido social perdiendo su tono abigarrado y multiforme y desarrollando capas liberales y artesanas.

 

Los esfuerzos realizados por los Borbones para impulsar el desarrollo económico, urbanístico y cultural de la ciudad se vieron truncados como consecuencia de las guerras napoleónicas. Madrid no recuperó su ritmo hasta la tercera década del siglo XIX.

 

Entre 1840 y 1850, muchos de los antiguos conventos y fincas eclesiásticas adquiridos por comerciantes, profesionales liberales, terratenientes y financieros con la desamortización eclesiástica iniciada por Mendizábal, fueron demolidos y en su lugar se edificaron barrios enteros. Sin embargo, el recinto urbano era prácticamente el mismo de la época de los Austrias.
 

El crecimiento demográfico de Madrid no se debió como en otras ciudades al proceso de industrialización (la mayoría de las empresas industriales a principios del siglo XX eran de carácter tradicional para satisfacer la demanda local). Fue principalmente a partir de 1920 cuando Madrid experimentó un incremento demográfico notable debido a la inmigración.

 

Ya en 1930, el 46,9% de los residentes de la ciudad de Madrid habían nacido en otras provincias.

 

Después de la segunda guerra mundial, Madrid, además de ser un importante centro de consumo, inició un proceso de modernización en el que se crearon grandes empresas y comenzó a desarrollarse industria.

 

No es de extrañar que los madrileños tengamos fama de ser abiertos y aceptar sin prejuicios a todo aquel que viene de fuera. Y es porque realmente Madrid somos todos y es madrileño todo aquel que trabaje y viva en nuestra preciosa ciudad.

 

¡Esta ciudad nunca dejará de sorprendernos!

 

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