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Los Jardines del Buen Retiro

10/03/2020

El Parque del Buen Retiro en Madrid tiene su origen en el siglo XVII, con motivo del regalo que le hace el Conde-Duque de Olivares, valido de Felipe IV (1621–1665),  al Rey en forma de terrenos para el recreo de la Corte en torno al Monasterio de San Jerónimo de Madrid. Sin embargo, conviene saber que los orígenes de este parque fueron muy humildes. En el monasterio de San Jerónimo, Felipe II hizo ampliar algunas de sus dependencias para su uso privado y lo rodeó de un modesto jardín, que agrandó y adornó con un estanque cuando entró en la corte su cuarta esposa, Ana de Austria. Aquel paraje fue llamado “Cuarto Real de San Jerónimo”, y también “Retiro”, por ser el lugar favorito al que se retiraban los reyes en lutos, Cuaresma, Penitencias, etc. Arrimada a la huerta del monasterio se encontraba también una casa de aves extrañas, denominada por esta causa “El Gallinero”, y que fue precursora de la posterior “Casa de fieras” o jardín zoológico.

 

En tiempos de Felipe IV se proyecta sólo la reforma del Cuarto Real que Felipe II había ocupado junto al monasterio, ampliándose posteriormente a la construcción del Palacio del Buen Retiro. En aquel tiempo la residencia oficial de los monarcas españoles era el Real Alcázar (donde actualmente se encuentra el Palacio Real), por lo que la ubicación del nuevo palacio resultó ser un lugar muy agradable ya que era una zona muy arbolada, fresca, con arroyos cercanos y apartada del bullicio de la ciudad que por aquel entonces estos terrenos estaban en las afueras de la ciudad.

 

Anexo al palacio se dieron forma extensos jardines cuya construcción fue obra del Gran Duque de Toscana, Cosme Lotti, trasladado a Madrid a tal efecto. En los jardines también se instaló una leonera para la exhibición de animales salvajes y una pajarera de aves exóticas. A finales de 1633 se inaugura el Real Sitio del Buen Retiro.

 

De este período inicial de la historia del Parque del Retiro, también son el Estanque Grande, el pequeño Estanque Ochavado y la Ría chica.

 

En años posteriores, se introdujeron modificaciones, como el Parterre, de época de Felipe V (1700-1745), la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro en tiempos de Carlos III (1759–1788) o el Observatorio Astronómico, obra de Juan de Villanueva, reinando Carlos IV (1788–1808).

 

Fue el Rey Carlos III quien permitió el acceso de los ciudadanos al recinto, poniendo como condición que asistiesen bien aseados y vestidos a dejarse ver por los jardines y sus instalaciones. Posteriormente, el nunca suficientemente valorado José I Bonaparte (por ser hermano de quien era, obviamente), hombre de ideas progresistas, abrió por completo el parque al público. Pero la ocupación de las tropas del mariscal francés Murat del recinto fue una catástrofe.

 

Durante la Guerra de la Independencia, el Parque del Retiro sufrió importantes daños, pues fue convertido por los ocupantes franceses en su cuartel general. La Real Fábrica de Porcelana, convertida en fortín por los franceses, fue arrasada. Muchas de las zonas arboladas del Retiro fueron taladas por los franceses como combustible para abrir campos de entrenamiento. Los edificios del palacio fueron demolidos por la guerra, hasta quedar únicamente el Casón del Buen Retiro (antigua Salón de Baile del palacio) y el Salón de Reinos. El resto de las dependencias del palacio fueron derruidas e hicieron imposible su recuperación.

 

La guerra acabó, y Fernando VII ordenó el encargo, en un área reservada de los jardines del palacio, de configurar un jardín romántico con pequeños pabellones que recordasen el Versalles que había conocido siendo prisionero de Napoleón en Francia. Entre estas pequeñas arquitecturas de lujo se encuentran la Montaña Artificial (sede de exposiciones temporales), la Casita del Pescador, la Casa Persa, la Casa de las Vacas, Casa de las Fieras y la Casa del Contrabandista (hoy día sala de fiestas “Florida Park”). Todas ellas realizadas por el gran arquitecto Don Isidro González Velázquez y construcciones dispersas por el jardín laberíntico que multiplicaban los efectos sorpresa de los placenteros paseos de la Familia Real. También González Velázquez diseñó y construyó un precioso embarcadero para la navegación de las Faluas Reales que Fernando VII hizo traer de Aranjuez. Dicho embarcadero tristemente fue destruido en 1900 para levantar el monumento a Alfonso XII.

 

Durante el reinado de Isabel II, se mejoraron considerablemente las instalaciones del Retiro: se diseñaron jardines de corte paisajista, se reformó el Parterre de Felipe V y se abrieron nuevos paseos, como el Paseo de Argentina, o Paseo de las Estatuas, donde lucen efigies de numerosos monarcas peninsulares, como las de la Plaza de Oriente.

 

Tras la revolución de 1868, con el advenimiento de la fugaz Primera República, se abrió en toda su extensión el Retiro, para esparcimiento de toda la ciudad y de todos los paseantes.

 

Pero el Retiro aguarda más joyas para el visitante más curioso. El Palacio de Velázquez decorado con cerámica de Daniel Zuloaga, y el Palacio de Cristal constituye la mejor muestra de la arquitectura de hierro y cristal existente en Madrid. Nació como invernadero para la exposición sobre Filipinas, que todavía no se había independizado de España.

 

El Retiro además es un importante museo de esculturas al aire libre, sobre todo aquellas obras pertenecientes al período comprendido entre 1850 y las vísperas de la Guerra Civil. La estatua del Ángel Caído, obra de Ricardo Bellver es una obra maestra, y una de las escasas representaciones dedicadas a Lucifer que existen en el mundo.

 

El Monumento a Alfonso XII fue erigido en memoria del Rey Alfonso XII, en su faceta de Pacificador, por el arquitecto José Grases i Riera, que lo proyectó como un espacio monumental planteado para ser disfrutado desde dentro. Veinte años fueron necesarios para su construcción y en él participaron escultores de la época como Mariano Benlliure, Mateo Inurria, entre otros.

 

Este maravilloso parque es un Museo en sí mismo, sorprendiéndonos en cada rincón con arte, naturaleza, preciosas vistas, olores e historia. Un oasis en medio de la gran ciudad de Madrid digno de disfrutar y maravillarse en cada uno de sus paseos y recorridos.

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